
Para ti,
El único capaz de sembrar de sueños mis entrañas.
Sobre la calle mantas y plásticos repartidos más o menos uniformemente bajo los toldos de colores. Una mezcla de aromas extravagantes. Señoras con niños de la mano, puestos de fruta, de ropa y de baratijas. Comida, olores, gente y más gente, bebés llorando y mujeres hablando. Hombres distraídos que caminan casi por inercia.
Ahí estaba yo, sentada, bajo el sol, y con una manta tendida en el suelo, sobre ella, las baratijas, cacharros y curiosidades de las que intentaba deshacerme.
La gente pasaba sin poner mucha atención en mi puesto. Algunos, los más pocos, pasaban, observaban, después de vacilar un momento tomaban algo entre sus manos y lo examinaban para después regresarlo a su lugar sin emitir un solo sonido.
Ya era algo tarde, las horas parecían pasar lentamente, pesadas, arrastrando los minutos cómo si no pudieran con ellos. Agotada de nada, de ver pasar y pasar gente, de la soledad.
De pronto te acercaste Tú. Un hombre cómo cualquier otro, nadie se fijaba especialmente en Ti, un poco golpeado por la vida, se veía en tus manos, se veía en tu rostro, en tu ropa, pero sobretodo se veía en tu mirada, que desde el primer momento captó mi atención. Una mezcla de nostalgia y un brillo inigualable me hicieron perderme al instante. Te acercaste, observaste el panorama, tomaste algunas cosas fingiendo que te interesaban, pero en realidad ni siquiera posaste tu mirada en ellas. No me quitabas los ojos de encima. Yo no podía articular una palabra, Tu presencia me imponía tanto, era tan misterioso, no tenías nada fuera de lo normal, pero algo me hacía fijarme en Ti
Después de un rato, dejaste el último objeto sobre la manta color escarlata y clavaste aún más Tu mirada en mí. Tus ojos cafés penetraron mi ser por completo y me preguntaste con esa voz tan serena si aceptaba trueques. Sin saber lo que decía, te contesté que sí. Una vaga sonrisa se dibujó en tu rostro. Y sacaste de entre tu ropa un pequeño cofre. Mientras tanto yo guardaba los cacharros viejos, rotos y sucios en una bolsa con la misma apariencia. Te entregué la bolsa y pusiste el cofre entre mis manos. Y entonces pasó algo muy extraño, me embargó una profunda felicidad… Todo: los colores, la gente, los olores se borraron y me sentí borracha de alegría, una tranquilidad que nunca había experimentado…
Habías sido Tú, habías cambiado la baratija de mi vida y a cambio, habías dejado mis manos llenos de tesoros y sueños nuevos, inimaginables. Con tu mirada habías transformado mi realidad, y de pronto mi vida dejó las falsedades, los disfraces se me cayeron, quedé desnuda de todo, ¡libre!
Tú, te fuiste sin más, sin dar explicaciones, con una sonrisa complacida y una mirada que todavía me estremece en sueños.
Al anochecer, abrí la pequeña y dorada caja, sólo había un papel enrollado adentro con estas palabras escritas:
"No importa qué sea eso que debes dejar ir. Sólo hazlo y verás cómo Yo hago nuevas todas las cosas."
1 comentarios:
See I am making all things new...
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