lunes, 27 de septiembre de 2010

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

lunes, 1 de febrero de 2010

Insalvable


Aquella niña de dieciséis años había descubierto en los amaneceres de su vida una preciada luz. En aquél entonces ella no sabía que sólo podía llegar a ser una linda idea, irrealizable, utópica y un tanto absurda. Mientras tanto, la atesoraba en lo más íntimo de su ser, la masticaba, la rumiaba, la veneraba.

Esa inocencia de la que siempre se había rodeado, facilitaba que esa chispa fuera lo más inmaculado a sus ojos. La invitaba a perderse en ella, a acariciarla, a volverse una con ella, a dejar la vida –mejor si literalmente la dejaba- ahí, a clavar sus sentimientos, su voluntad, su inteligencia en esa sola idea.

A pesar de los sufrimientos, de los silencios, de las tormentas, del vano intento por verla cristalizada ¡en alguien! A pesar de los ímpetus que ponía en descubrirla velada cómo una realidad que no se manifiesta más que con determinada luz, con determinado “espíritu”; nunca logró verla.

Poco a poco la idea, y la posibilidad de su realidad, se fueron perdiendo en un remolino de confusión. Hasta que la pobre niña la perdió de vista, fue sólo un segundo, pero nunca supo cómo recuperarla. Cuando se dio cuenta, la había perdido para siempre.

La gente a su alrededor, al parecer seguía viéndola, pero ella, por más que buscó y buscó, no pudo por su propio pie encontrarla, así que hizo lo único que podía hacer: siguió instrucciones.

Lo que no sabía era que la mayoría de las personas que le daba instrucciones eran igual o más ciegas que ella y la niña entre gritos y sombrerazos acababa doblando a la izquierda, a la derecha, enfrentando, evitando, combatiendo, resistiendo, para siempre…. siempre quedar agotada e igual de perdida.

Así perdió nuestra pobre niña varios años de su vida. Después de darla por perdida, las personas se resignaban y decían que la luz seguía igual, pero ahora le indicaba otro camino ¡Cosa de matices! –decían-. Había estado claro de un tiempo acá…

La pequeña no podía salir de su confusión, y es que, cada vez que intentaba salvar aquella idea, aquella luz, se le escapaba. Intentaba de cualquier manera librarse de las frágiles manos. Por más que ella quería salvarla, ella se rehusaba. Intentó un centenar de maneras para que la luz se quedara en sus manos, para que siquiera la tocara, la iluminara un poco… nada.

Después de un tiempo, sintiéndose rendida, la niña se le ocurrió hacer un trato. Está bien, no me importa no ver la luz, pero necesito tener la seguridad de que ahí está, encontrar alguna manera de sentirla, sin que duela… Silencio… Nada…

Y es que quizá, después de todo, aquella luz era insalvable.

A pesar de los años, nuestra ya crecida niña, dejaba caer lo que había sido su vida todo ese tiempo, por que no podía obligar a la luz a derrotar sus tinieblas, no podía retenerla para sí. Un poco por que la luz no quería, otro poco por que la niña no sabía cómo y había agotado las fuerzas de su vida en vano y un mucho por que –de entrada- aquella luz no tenía un solo sustento razonable, ahora que lo pensaba bien.

Así, se quedó sin saber qué pensar, pues, no podía negarlo, algo de cariño ¡SI QUE LE TENÍA! ...aunque muy a su pesar…

viernes, 7 de agosto de 2009

Tu etéreo





Día de recuerdos

semblantes indefinidos

desfilan por mis senderos.


Cientos de palabras sin letras

de personajes sin rostro

inconexos, solitarios

vagando...

aletargados,

indefinidos

...temiendo despertar memorias.


Me he detenido a pensar

quizá, algún día

tú, etéreo;

tú, fantasma

dejes de ser una nube sobre mí.


Quizá algún día,

te pierda en alguna esquina

me libere de ti

y entonces,

alguien pueda verme real,

posible, corpórea.

jueves, 18 de junio de 2009

Hoy me dueles

Por que si, hoy me dueles

Me duele cada centímetro de piel

Esa que tú conociste antes que yo

Esa que fue tuya y nunca, nunca fue mía

Me duelen los besos que no te di

Me duelen todos los versos que te he escrito

Los que siempre digo que serán los últimos

Cierro los ojos

Y si, me duele también la soledad

Sobretodo la soledad

Y el frío y la oscuridad

Y tus labios cerrados… sellados

Y me duele el frío

Y la falta de abrigo

Me duele la ausencia de unos brazos

Me dueles Tú

En lo más hondo de las entrañas

M e ahogas

Me tomas presa

Me arden mis sueños

Y si… ¡Hoy me dueles!

Y no tengo miedo de decírtelo.

Noviembre 2008.

miércoles, 10 de junio de 2009

Elisewin




A esa niña de ojitos bailarines
y sonrisa radiante
que se esconde,
se esconde
pero está ansiosa de ser encontrada.











I
Sé de tus ansias,
casi lo siento en mi propia carne
casi sueño tus pesadillas
y respiro el hálito de tus miedos.

Sé de tu cansancio
de tus ojos sombríos
de aquellos labios que intentan ser sonrisa
pero que no logran más que una mueca.

Sé de tu dolor
del estrujamiento en tu pecho
del aguijón en tu corazón
y el vacío en tus entrañas.

Pero, sobretodo, sé del suelo movedizo
de los saltos trágicos
de la realidad tambaleante.


II
Miro tus ojos
sí, yo también lo he sentido
la frustración de nunca alcanzarlo
de nunca estár al nivel
de quedar siempre un paso atrás
de que sea inabarcable.

La sensación de mareo
la impotencia, el ansia, el frenesí
Las ganas de asirme ¡a alguien!, ¡a algo!



Los gritos desesperados,
los silencios desafiantes.


III
Pero, conozco también
la salvación que se esconde
en lo profundo del mar,
en el ímpetu de las olas
en la luz detrás de la luna

en la sensación del viento sobre la piel.

Sé, de anhelos que se pueden saciar
de historias que valen la pena
de mañanas de verano
de la lluvia que cae como caricia.

No te dejes llevar, pequeña,
por el espejo de oscuridad
cómo el pájaro vuela libre,
sal a buscar la vida.

¡Desafíala!, ¡Juega con ella!
¿Te digo un secreto?
Siempre se rinde...


jueves, 28 de mayo de 2009

Cansada de ser sombra


No es que te quiera para mí
ni siquiera que lo quiera todo
ni que exija un lugar privilegiado.

No puedo negar que en un principio
soñé que te encontraba cada noche,
que tejía con tus manos ilusiones rojas y doradas

No te diré que no me enamoré
no pretendo mentir negando
que mi imaginación encontró en ti
un paraíso, un oasis
que nada importaba más que tus manos, tus ojos
tus miradas cómplices y tus silencios llenos de palabras

No necesite mucho tiempo
para averiguar lo esporádico de tu amor
Bastaron unos instantes,
quizá un intercambio de palabras graves

Y es que, nos abrazamos tanto al ideal
lo apresamos tan fuerte entre las manos,
que al final, se escurrió entre los dedos
se desvaneció ante nuestros ojos

Sabes? No me importaba ser sólo eso
una ficción, un sueño, un anhelo escondido
No me importaba, si quiera, ser un escape, un refugio

No me importaba con tal de ser en ti
de existir en ti

Ayer, me cansé de ser una sombra
de la imposibilidad de mi propia luz

Y, aunque no me importa ser sólo eso,
la nostalgia se planta en la puerta
y me mira con ojos desafiantes
y yo,
yo no sé si me rendiré ante su mirada

sábado, 23 de mayo de 2009

Dolor a destiempo

Que te conozco, dolor, es verdad

Sólo tú y yo sabemos

Cómo nos hemos visto las caras

recorrido el cuerpo entero,

sembrando de temor las entrañas

y soñado con nuestros más grandes miedos

 

Estando, tomados de la mano

al borde del abismo,

besar nuestros rostros en las madrugadas,

tocar con nuestros dedos la hondura de la noche

 

Contigo noches en vela

de angustia y desasosiego

Contigo las sombras, los miedos y la espera

Contigo todo,

y contigo nada

 

¿No te habías ido ya?

¿No habíamos dejado saldadas las cuentas?

¿No te alejaste aquel día,

Presentándome la alegría?

 

Ahora, nos vemos otras caras

No es tu rostro oscuro

No son tus manos que aprisionan

No es tu mirada que condena